Rikuzentakata, Japón (CNN) — Más de un mes después del tsunami que azotó Japón, no hay muchas cosas en pie en Rikuzentakata, y mucho menos con vida.
Pero a través de un puente destruido y entre el concreto y los montones de escombros, hay una vista sorprendente a lo largo de la costa, un árbol de pino imponente.
Es el último superviviente de lo que fue una vez un bosque que se elevaba por encima de la playa de arena blanca, y que se había convertido en un destino turístico muy popular.
Estos árboles se plantaron a lo largo de la costa hace unos 300 años por los pobladores para protegerse de los vientos, las olas y la erosión de las tormentas del Pacífico, que regularmente accidentan la orilla.
Pero no fueron lo suficientemente fuertes para protegerlos de las grandes olas del tsunami el pasado 11 de marzo, que se internaron varios kilómetros hacia el interior y alcanzaron más de 10 metros de altura.
Al menos el 10% de las 23,000 personas que alguna vez llamaron casa a la ciudad están muertas o desaparecidas, dice el alcalde de la ciudad, Futoshi Toba.
Hay enormes troncos acumulados a lo largo de la costa, muchos se quebraron por la mitad debido a las olas.
Residentes en un refugio local recuerdan haber visto los árboles gigantes barrer la ciudad.
Ahora la gente de la ciudad ve al pino como un símbolo de esperanza y renovación.
Pero a través de un puente destruido y entre el concreto y los montones de escombros, hay una vista sorprendente a lo largo de la costa, un árbol de pino imponente.
Es el último superviviente de lo que fue una vez un bosque que se elevaba por encima de la playa de arena blanca, y que se había convertido en un destino turístico muy popular.
Estos árboles se plantaron a lo largo de la costa hace unos 300 años por los pobladores para protegerse de los vientos, las olas y la erosión de las tormentas del Pacífico, que regularmente accidentan la orilla.
Pero no fueron lo suficientemente fuertes para protegerlos de las grandes olas del tsunami el pasado 11 de marzo, que se internaron varios kilómetros hacia el interior y alcanzaron más de 10 metros de altura.
Al menos el 10% de las 23,000 personas que alguna vez llamaron casa a la ciudad están muertas o desaparecidas, dice el alcalde de la ciudad, Futoshi Toba.
Hay enormes troncos acumulados a lo largo de la costa, muchos se quebraron por la mitad debido a las olas.
Residentes en un refugio local recuerdan haber visto los árboles gigantes barrer la ciudad.
Ahora la gente de la ciudad ve al pino como un símbolo de esperanza y renovación.