Cuando supo que su
casa podía no aguantar el tornado que azotaba su ciudad, protegió con su
cuerpo a sus dos hijos, mientras los escombros caían sobre ella.

Tras una sorpresiva llamada telefónica del Presidente Obama, Stephanie y su familia fueron invitados a la Casa Blanca.
AFP
“Todas las madres son valientes, pero pocas
de nosotras -incluso aquellas de diferentes épocas y lugares- son
realmente puestas a prueba”, comentó la semana pasada, en la revista
Time, Kara Gebhart Uhl, madre estadounidense con un blog dedicado a la
paternidad.
Sus palabras iban dedicadas a Stephanie Decker, una
mujer que en marzo pasado protagonizó una historia que hasta hoy la
mantiene con el título de héroe en Estados Unidos, y que comenzó el día
que 36 personas murieron en Indiana, por un tornado de 280 kilómetros
por hora que azotó su estado.
Stephanie había ido a buscar a sus
hijos, Dominic (9) y Reese (6), más temprano que de costumbre al
colegio. Habían anunciado el paso de un tornado, así que todos en
Henryville, su ciudad, estaban alertados. Por su parte, la mujer de 37
años se fue directo a su hogar, a esperar lo que el clima traería.
Estaba
sola con sus hijos en la enorme casa de dos pisos que había mandado a
construir con su marido, Joe, quien en esos momentos, se refugiaba en su
trabajo y se iba enterando a través de los medios del camino que el
tornado iba recorriendo. Cuando él vio que éste iba directo a su
familia, no tardó en llamar a Stephanie para que se protegiera lo antes
posible.